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Te quiero tanto, Bruselas

7 mayo, 2014

Ir andando desde casa hasta General Jacques y coger el autobús en Buyl porque me da una pereza horrible subir la cuesta de Chaussée d’Ixelles. Ir a mi librería favorita que está un poco más abajo de Fernand Cocq. Comprar una (o dos, o tres o cinco) maravillas, tesoros de eso que deberían estar en museos que allí cuestan un par de euros. Bajar andando (eso sí) y cruzar Flagey llena de niños jugando con las fuentes que nacen del suelo en verano. El Café Belga a rebosar de modernos y no tan modernos con cervezas en la mano. La plaza que se convierte en barra con el buen tiempo.

Coger un café para llevar y sentarme a leer en Etangs d’Ixelles aunque a veces acabe haciendo más caso a los patos o al atardecer que al libro.

Ir a Midi los domingos, al mercado. Sonreír viendo a los tenderos subidos en sus mesas gritando los precios en mil idiomas. El olor de la fruta recién cortada que sirve de reclamo a los clientes. Los colores.

Pasear (o bailar descalza una noche cualquiera, nunca se sabe) frente al Palacio Real iluminado.

Sentarme a escribir en las escaleras de Mont des Arts y contemplar al fondo la torre del ayuntamiento y la cúpula del Sacre Coeur sobre el jardín de la Biblioteca Real iluminado.

Dejarme caer hasta la Grand Place y mirarla como si jamás la hubiera visto en mi vida. Observar las caras sorprendidas por la belleza de los turistas. El grupo de músicos que siempre toca en los alrededores. Los mil y un artistas que venden su arte a cambio de poco más que una limosna a los foráneos.

Pasear cruzando el campus y recorrer la Avenue Louise entera. Alcanzar el Palais de Justice en pleno atardecer y esperar a ver cómo se ilumina el Atomiun cuando anochece. Quedarme unos minutos observando las luces que poco a poco se encienden pero que aun así, mantienen la ciudad en penumbra.

Tomar una cerveza (detrás de otra) en Tavernier. Saber que el Delirium es lo más turístico de Bruselas pero reconocer que en la planta de abajo ponen la mejor música. Ir a escuchar jazz al Bonnefooi. El chocolate caliente del Roi des Belges. El Athénée. Los asientos colgantes del bar turco de Saint-Gery que jamás está abierto.

Sainte Catherine en Navidad. El espectáculo de luces.

Los paseos cuando hace sol (o cuando nieva) por el Bois de la Cambre.

El olor a chocolate y a gofres en cada esquina.

La cerveza. Todas, incluso las que aún no he probado (no es imposible pero requiere mucho trabajo).

La lluvia. Sí, la lluvia. La irracional que te pilla en agosto en sandalias y la de un día cualquiera de invierno que te cala el frío hasta los huesos. La lluvia. Sí, la lluvia.

El frío. Sí, el frío. Ese que hace que me sienta viva cada mañana. Al que te acostumbras y acabas yendo en medias hasta en enero. El frío. Sí, el frío.

Los atardeceres desde mi ventana. Los amaneceres en invierno que en verano son a las tres de la mañana que también tiene su gracia.

Las innumerables excusas que tienen los belgas para montar una fiesta (perfectamente organizada y consentida, eso sí) en el campus. Los belgas. El campus.

Hablar una media de tres y hasta un máximo de cuatro idiomas (de momento) cada día. Sentarte a cenar a una mesa y que haya un mínimo de tres nacionalidades distintas. Casi siempre (siempre).

El francés. El jodido acento francés.

Bruselas, no serás París pero je t’aime. 

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Madr-es

4 mayo, 2014

Ella

es la única persona en el mundo

que te quiere

más que sí misma.

Ella

es la única

capaz de curar

más heridas con abrazos

que con tiritas.

Ella

te ama tanto

que quiere verte crecer

aunque tenga que verte marchar.

Ella

es la que está siempre

al otro lado de la puerta

(o de la pantalla)

para socorrerte.

Ella

es la que ve

en tus ojos el miedo

incluso cuando tú

aún nos has visto la hostia.

Ella

es la que ve

en tus ojos la felicidad

incluso cuando tú

aún no has contado la buena nueva.

Ella

es la única en el mundo

a quien le duelen más tus fracasos

que a ti mismo

y celebra tus victorias como propias.

Ella

ha derramado

más lágrimas por ti

de lo que lo hará nadie nunca

y no ha pedido

ni pedirá

jamás

NADA

a cambio.

Ella

es 24 horas,

365 días,

enfermedad,

suspensos,

rechazos,

despidos,

fracasos,

miedos.

Ella

es salud,

matrículas,

amor,

trabajos,

sueños.

Ella

es el milagro

por el que estás vivo.

Ella eres tú

y tú

eres parte de ella.

 

Y creo que con todo esto solo buscaba una manera más de decirle lo mucho que la quiero.

 

Feliz día de nadie os quiere más en este mundo que ella.

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Poe-más

14 abril, 2014

Poesía,

esa manera tan nuestra

de salvarnos.

Tan tuya

de dolerme.

Tan mía

de recordarte.

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Distancia

15 noviembre, 2013

Distancia.

Distancia es eso de tener un día de mierda y volver a una habitación vacía.

Distancia es que los abrazos más fuertes te los tengan que dar por Skype.

Distancia es que alguien te decepcione y no tener a nadie con quien tomarse esa cerveza de “me cago en su puta madre”.

Distancia es que Navidad huela a bote salvavidas.

Distancia es que echar de menos cobre una dimensión distinta.

Distancia es que tenga que salvarme gritándole a una pantalla, llorando a un teléfono, riendo frente a una cámara.

Pero habéis llenado mi habitación de carcajadas, me habéis mandado abrazos por privado y sois capaces hasta de echaros una puta cerveza conmigo frente a una pantalla.

Que yo estaré lejos, joder, pero vosotros estáis siempre a mi lado.

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Des-espera

3 noviembre, 2013

Creo que no lo entiendes. Yo tampoco.

No encuentro explicación racional a que cambiaras mi vida en diez días. Que tardaste  en llegar ocho meses, coño. Que eso ni es proporcionalidad ni es nada. Que eso es una mierda.

Como es una mierda que no te haya vuelto a sentir sobre mi espalda.

O que no haya vuelto a ver cómo te muerdes el labio antes de besarme.

O que no recuerde cómo hueles o a qué saben tus besos pero sea capaz de recitar de memoria tu despedida.

Como saber que sigues temblando como yo al verme pero que seamos incapaces de mirarnos.

O que la última vez que te viera no escupiera todo lo que siempre me he jurado que algún día sería capaz de decirte.

Como los chicles de fresa que ya no saben a tu boca.

O no poder enfadarme porque le prestes más atención al telediario que a mis besos.

Como que no me mires asustado mientras veo tu película favorita.

Como que por tu culpa ahora me sepa de memoria los diálogos.

Como las películas pendientes, los conciertos a los que no fuimos;

Las canciones que ahora escuchamos separados. Los viajes que te perdiste. Las noches que me has robado; los besos que aún te guardo…

O que te espere.

Sobre todo es una mierda que aún te espere.

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Be-SOS

21 julio, 2013

Yo quiero dejar de escribir tanto de melancolías sin fechas de caducidad.

Y más de tus manos enredadas en mis bragas.

Y más de nuestros sexos. 

De los que tenemos, 

de los que hicimos,

de los que hacemos.

 

Yo quiero hablar más del tiempo que me sobra

y de tus ganas de perderlo.

De ganarle batallas al miedo.

De derrochar el presupuesto en besos.

 

Que la única sombra sea la de tu cuerpo al amanecer en mi cama.

Y hacer equilibrio con mis dudas en tu mirada.

Y dibujarte el “buenos días” con una cenefa de besos en la espalda. 

 

Vamos a llenar de primaveras los inviernos.

De besos las copas.

De sueños los miedos.

 

Vamos a querernos más y a dolernos menos. 

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Atra-besada

9 junio, 2013

De tantos besos que le di se me atravesó su lengua en la garganta;

su corazón en la boca;

sus miedos en las entrañas.

Y ahora a ver quién respira si no es su aire.

A ver quién besa si no es su boca.