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De cómo sobrevivimos a 2014

31 diciembre, 2014

2014 ha sido posiblemente uno de los años más importantes de mi vida pero no ha sido fácil.

2014 es el séptimo año que vivo lejos de casa. El tercero en el extranjero. He leído páginas enteras que hablan de despedidas en estaciones y aeropuertos pero hay tan poco escrito sobre el día a día, echar de menos, perderse cosas, estar perdido…

Este año, me he perdido muchas cosas y no pocas veces, me perdí a mí misma.

Me decepcioné y me angustió un futuro que parecía quebrarse ante mis ojos. Dudé de mí misma con cada carta de rechazo. Se me acabaron las ideas para cartas de motivación porque llega un punto en que ya no te queda. Lloré de rabia ante la impotencia de ser vencida por la burocracia. Y sin embargo, logré reconstruir, sino un futuro, al menos un presente estable. Recobré las fuerzas y la confianza para lanzarme en la aventura de trabajar como freelance y cometí la feliz estupidez de participar en un programa de entrevistas en la televisión belga.

Este año, me subí por primera vez a un escenario para desnudarme frente a un montón de desconocidos (y no tan desconocidos) para recitar mi poesía. Llené maletas de abrazos en cada vuelta y volví un millón de veces para reencontrarme, en ellos, conmigo misma. Me tomé más cervezas de las que me gustaría por Skype, descubrí nuevos rincones de Bruselas y compartí mi ciudad con los me quieren.

Este año, volví a mirarme en sus ojos temiendo perderme y nos encontré un lugar en mi vida. Le hice un hueco en mi costado que siempre olió a despedida y aún así, no me arrepiento.

Volví a Ámsterdam, París y Londres. Descubrí Luxemburgo, Estrasburgo, Laponia y Helsinki.

Este año y es lo único que pido cada 31 de diciembre, hice un montón de cosas que jamás pensé que haría.

Y sin embargo, todo esto no significa nada en comparación con algo que este año, cambió mi vida.

Y es que entendí lo que era el miedo cuando ella dijo cáncer pero aprendí también a ocultarlo. A sonreír, cogerle la mano y confiar con todas tus fuerzas en que todo saldría bien. Te convences, la convences y a veces, joder, a veces el universo escucha. Y un día, te echas a llorar en medio de un supermercado al escuchar entre lágrimas “no habrá quimio.” Mandas tus planes a tomar por culo y pasas el verano en casa. La acompañas a la radio y la invitas a un helado para que duela menos. Y vuelves a llorar cuando los resultados gritan “curada.”

Ella ha sido más fuerte de lo que jamás habría imaginado y estoy orgullosa. De ella y de una familia en la que salimos delante de lo que sea y como sea pero juntos. Hay dos días que jamás olvidaré de este año: los días en los que empezó y termino esta pesadilla.

Lo más importante de 2014 no son los logros profesionales o académicos, tampoco las derrotas o los rechazos. Lo más importante de 2014 no son los planes, los propósitos o las metas. Lo mejor y más importante de 2014 es que ella siga aquí y vaya a estar en 2015 para verlos.

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