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Resaca

1 octubre, 2014

Quizá un domingo de estos dé un vuelco a mi vida y me prometa no volver a la manía de dos cuerpos fugaces sin deseos que sudar, a la pálida venganza del punto final a cada historia que no nos contamos, a las estrellas que podríamos subastar al peor postor, a callarnos…

Estoy apretando los dientes para que esta sonrisa muerda miedos. Para que después de tanto desangrarnos en blanco y negro nos comamos el instinto de seguir imaginando intenciones y seduciendo futuros.

Vamos a quemar la última de nuestras primeras eternidades exiliadas en la promesa de normalidad, suicidados en nuestro salto a tu vacío, en mi sobredosis de miedo. Salvados de nosotros mismos.

Podríamos creer en la resurrección de nuestro infierno pactado o mandarlo todo al foso de lo que llamas tiempo que es la distancia de los silencios. Tiempo, distancia y silencio transitados por los fantasmas de las promesas que incumplimos. Y sin embargo, volvería a perder el equilibrio en tu sexo sonriente, en medio de esta tarde de lunes con sabor a resaca de domingo de orgasmos y palomitas.

Cadáver exquisito por Beatriz Ríos y Marta Martínez.

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