Archive for 31 agosto 2012

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Des-vélame

31 agosto, 2012

Jamás me siento tan en calma como cuando duermo contigo. Lo odio. Odio que mi calma dependa del roce de tu cuerpo junto al mío. El día que te vayas… ¿Quién va a soñarme al oído? El día que te vayas… El día que te vayas antes que romperme el corazón, me romperá el insomnio.

La adoro. Adoro la calma que me produce dormir contigo. Adoro que el roce de tu piel sea la sábana que acabe con cualquier frío. El día que llegaste… ¿Quién me iba a decir que se podía amar dormido? El día que llegaste… El día que llegaste escuché por primera vez como latía un corazón, el tuyo junto al mío.

Eso sí. Solo hay una cosa que ame por encima de dormir contigo: que me despiertes.

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Re-vuelta

16 agosto, 2012

Me dejo atrapar aunque lo niegue. Sigues siendo capaz de estremecerme. Podría evitar esos ojos tan tiernos como pícaros que me desnudan suavemente; tanto que casi siento aún el fantasma de tus manos rodeándome; pero no puedo o no quiero.

Tus miradas y tus palabras juegan con los recuerdos. Y de esos, tengo llena la espalda. Juegas con su peso. Haces que el dolor me ciegue y me calmas a base de sonrisas. Soy fuerte, me digo mientras te acercas. Pero tu respiración pausada y tu delicada sonrisa, me matan.

Te has desecho de mis armas con la suave caricia con que has apartado el cabello de mi cara. Y has vuelto a usar tus pupilas para clavarlas. Nunca un puñal fue tan dulce. Una vez paralizada has ido recortado centímetros al tiempo que alargabas los minutos haciéndote de rogar sobremanera.

Sabes que la calidez, si es paulatina, pondrá al rojo todo lo que hay por debajo y por encima de mis caderas. Los roces ligeros, los de tus dedos, los de tus brazos, de tus rodillas son los que ponen de punta mi vello. Y cada vez que se entrecorta mi respiración es una victoria que te apuntas.

Cuando por fin decides que he bajado lo suficiente la guardia acercas tu nariz a la mía y declaras la guerra a nuestra distancia. Y rompemos el pacto que firmamos hace años. Ese que decía que entre nosotros no había ya nada.

La fuerza con que me fundo en tus besos casi hace estallar mis labios. Pero ningún beso fue nunca tan dulce, tan cálido. Tus manos se han colado bajo mi espalda. Las mías se anudan a tu cuello. Y mientras me abrazas solo pienso en los kilómetros que han hecho falta para romper este sello.

Lunademediatard