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Des-corazonada

28 marzo, 2012

De las paredes nacía un ruido ensordecedor pero inaudible para el resto.

El continuo “tic-tac” parecía un enorme tambor o un reloj o una bomba a punto de estallar y le cortaba el aliento.

Le temblaban las manos y le latía la piel casi al mismo ritmo. Pero por mucho que tapara sus oídos; se encorvara en una esquina o gritara, por encima de su voz, se seguía oyendo.

Tomó aire. Se incorporó. Cerró los ojos y trató de serenarse.

Fue entonces cuando la conmoción desapareció y el terrible aullido resultó tan familiar como si lo hubiera oído siempre.

 Abrió los ojos mientras se agarraba el pecho y en un súbito momento comprendió que el sonido que la trastornaba no era más que el eco de su propio corazón latiendo. 

 

Lunademediatarde

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2 comentarios

  1. Me has recordado al corazón delator de Poe. Mucho. Muchísimo. Me gusta


    • Creo sinceramente que es lo que más ilusión me ha hecho que me digan en mucho tiempo. Me alegra un montón que te guste, de verdad. Y, viniendo de un grandísimo lector, es todo un honor 🙂



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