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Des-encajada

26 marzo, 2012

Dicen que el corazón de una mujer solo puede romperse un número limitado de veces. A partir del cual, ella pierde el sentido del amor.

Nunca había escatimado en esfuerzos si de amar se trataba. Dejarse la piel, el alma… sonaba a poco comparado con su entrega. Pero las relaciones son cosa de dos y ella siempre fue el tercero que sobraba.

Y en una de esas de dejarse el corazón, se le partió en tantos pedazos que las piezas no encajaban. Y de muñeca rota pasó a puzle desarmado. Y desarmada se quedó ante la tormenta que avanzaba.

Y se vio envuelta en el vendaval de quien no tiene qué perder ni lo lamenta. Cayó en un círculo, de esos viciosos, en los que sobra la ropa y faltan argumentos. Se dejó el corazón en la mesita de noche de un hotel de madrugada. Y le entregó lo que de ella quedaba a cualquier amanecer.

Pero le faltaron fuerzas para terminar la jugada y encontró la pieza que le faltaba debajo de la alfombrilla del taxi al que subió él. 

 

Lunademediatarde

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