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In-explicable.

10 enero, 2011

Creo que la mitad de la gente que ha pasado a mi lado esta tarde ha pensado que estaba loca o era estúpida. Es más, es probable que hayan pensado ambas cosas… aunque lo cierto es que me da igual.

De camino a las clases hay unas inmensas escaleras que salen de un aparcamiento escoltado por un bosque de álamos cuyas hojas caídas por el otoño y arrastras por el viento invernal cubren el suelo.  Las escaleras dan a parar a una plazoleta, en ambos extremos se sitúan los edificios de la Facultad de Filología dónde doy clases de inglés. Las vistas desde lo alto de las escaleras son alucinantes, las puestas de sol te dejan mudo y cada día que paso pienso “hoy me siento un rato simplemente a estar”. Al salir unos minutos antes aún tenía tiempo para acabar el libro que estaba leyendo y no me parecía que hubiera mejor lugar posible para hacerlo.

Tenía todavía la música prendida cuando he soltado la mochila y la he puesto entre mis pies. Al sentarme he doblado ligeramente las rodillas acercándolas a mi pecho para evitar el frío. He sacado el libro y he buscado entre sus hojas mi desgastado marca páginas; un sobre de esos de azúcar con citas célebres: “Vivimos en un mundo dónde nos escondemos para hacer el amor… pero la violencia es practicada a plena luz del día”, John Lennon.  Me quedaba sólo un capitulo para acabar, ese que se escribe siempre al final a camino entre una conclusión y una especie de cierre.  Ese en el que el protagonista te habla un poco de su vida ahora, cuando en realidad parece que todo ha acabado… no era este sin embargo el caso.

Cuando iba llegando a los últimos párrafos he sentido como una gota golpeaba mi frente. El cielo estaba cubierto ya completamente por unas amenazantes nubes negras cuando he llegado, creo que eso ha sido un aliciente para quedarme. Así que cuando ha comenzado a llover  y he concluido por fin la historia lo único que he acertado a hacer ha sido sonreír. Y he llegado al hermoso final sintiendo el agua recorriendo cada recoveco de mi cara. Sin importarme si se mojaban o no las páginas. De repente estaba fascinada. Es extraño, puede que absurdo, irracional, disparatado… Pero me he quedado inmóvil ahí sentada. Sujetaba con fuerza el libro entre mis manos, casi abrazándolo. No he parado un solo momento de sonreír, no sabía muy bien a qué o a quién, no sabía muy bien por qué, pero sonreía.

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