Archive for 13 diciembre 2010

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Re-torcida.

13 diciembre, 2010

Hay ciudades que debería estar prohibido visitar sin tener a quien agarrar fuerte la mano. Sin tener a quien besar en cada paisaje de postal… No se deberían visitar ciudades frías sin tener a quien te guarde el corazón. Y es que el frío es mucho mayor cuando se siente bien profundo, en el lugar más recóndito de uno. El frío es mayor cuando es bajo la piel.

Nadie debería sentirse sólo en tan hermosa ciudad. Ni tan sólo, ni tan vacío. Las ciudades hermosas habrían de ser escenario, localización y fondo de hermosas historias. Nadie debería sentirse sólo en tan hermosa ciudad.

Me paré entre tanto y entre nada a contar las baldosas de las empedradas calles, pero me faltaron losas para contar las veces que te eché de menos. Las torres de las ancianas iglesias no eran suficientemente altas para poder buscar entre la gente tu mirada. Ni repicaban tan fuerte las cansadas campanas como para lanzarte ese penúltimo grito de socorro en el silencio.

No di ni un paso sin imaginar el modo en que te habría mirado o el estúpido comentario que, con una sonrisa idiota, habría hecho en cada instante. Deseaba besarte en todos los portales. Deseaba desaparecer contigo en cualquier puente, de esos que llevaban a ninguna parte a través de la niebla. Deseaba desearte.

Y los andenes… Las despedidas con pie y medio en el vagón. El aire melancólico de una estación vacía. Te busqué en cada parada que hizo mi corazón en plena huída; te busqué en cada rincón al torcer cada esquina; y en cada esquina en que no estabas me retorcía.

Lunademediatarde.

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In-dependiente.

1 diciembre, 2010

Me encontrarás en el espacio que dejaste entre mi suelo y tu cielo. Justo en el hueco que guardaba ansiosa para tus recuerdos. Me deslicé tras las promesas y los cuentos. Pero me sobran razones que justifiquen la huída. Me faltan dedos en las manos para contar tus mentiras. Me sobran ganas de tenerte, de quererte, de besarte. Me queda tiempo que emplear en olvidarte.

Me falta valor para escupirte un día a la cara un par de cosas. Y puede que me falte, que se yo, la razón en unas cuantas. Pero el derecho a desahogarme me lo gané en cada vez que me callé ante tus desprecios. Y me ha dado por hablar ahora, aquí, en medio de ninguna parte.

Que puede que ahora me quemen las caricias que un día me hacían arder, y puedes buscarle los sentidos que tú quieras. Que el roce de tu piel ha pasado de ser miel a fría hiel y duele sobremanera. Que tiemblo y no sé si de miedo, o de placer al pensar en tus besos. Que te quiero, sí, pero lejos.

 

Lunademediatarde.