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Bruxelles est aussi Charlie

11 enero, 2015

La lluvia que asolaba la ciudad desde hace días dio una tregua. Bajo un cielo espeso, la siempre fría capital belga despejaba uno de sus mayores bulevares, el de Anspach, para acoger a una multitud que recorría en silencio las calles bajo una misma bandera: la francesa.

Miles de personas se reunían con cuentagotas en la Gare du Nord. Metros atestados, una comitiva que uno no sabe dónde empieza porque llegan personas de todos lados… Personas que alzan orgullosas sus armas: sonrisas y lapiceros.

Representantes de diversos colectivos se mezclaban con las decenas de periodistas y los miles de ciudadanos. Un mensaje se repetían en las pequeñas pancartas improvisadas que inundaban la comitiva: “Liberté d’expression.”

Bruselas ha dicho hoy “no” a la barbarie terrorista. Contra el odio y por la paz, los bruselenses han salido hoy a la calle en defensa de la libertad de expresión, el derecho al delirio, a la risa y hasta a la burla.

“Plus laïc que jamais!” (más laícos que nunca) y sin embargo, una gran representación musulmana poblaba la comitiva. No parece una cuestión de religión sino más bien de libertad y en eso, afortunadamente, muchos estamos de acuerdo.

“Lo que nos divide nos hace más débiles,” rezaba una pancarta. Nos hace fuertes lo que nos une, supongo, y hoy Bruselas ha caminado unida en un silencio tan solo roto por pequeñas ráfagas de aplausos. Aplausos que miraban al cielo (ya ven, como si a la mayoría de ellos les hubiera importado) recordando a los que se fueron.

Bruselas hoy también ha sido Charlie (y Charb, Cabu, Wolinksi, Honoré, Tignous, Michel, Bernard, Mustapha, Frédéric, Elsa, Frank, Ahmed…).

Bruxelles est Charlie

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De cómo sobrevivimos a 2014

31 diciembre, 2014

2014 ha sido posiblemente uno de los años más importantes de mi vida pero no ha sido fácil.

2014 es el séptimo año que vivo lejos de casa. El tercero en el extranjero. He leído páginas enteras que hablan de despedidas en estaciones y aeropuertos pero hay tan poco escrito sobre el día a día, echar de menos, perderse cosas, estar perdido…

Este año, me he perdido muchas cosas y no pocas veces, me perdí a mí misma.

Me decepcioné y me angustió un futuro que parecía quebrarse ante mis ojos. Dudé de mí misma con cada carta de rechazo. Se me acabaron las ideas para cartas de motivación porque llega un punto en que ya no te queda. Lloré de rabia ante la impotencia de ser vencida por la burocracia. Y sin embargo, logré reconstruir, sino un futuro, al menos un presente estable. Recobré las fuerzas y la confianza para lanzarme en la aventura de trabajar como freelance y cometí la feliz estupidez de participar en un programa de entrevistas en la televisión belga.

Este año, me subí por primera vez a un escenario para desnudarme frente a un montón de desconocidos (y no tan desconocidos) para recitar mi poesía. Llené maletas de abrazos en cada vuelta y volví un millón de veces para reencontrarme, en ellos, conmigo misma. Me tomé más cervezas de las que me gustaría por Skype, descubrí nuevos rincones de Bruselas y compartí mi ciudad con los me quieren.

Este año, volví a mirarme en sus ojos temiendo perderme y nos encontré un lugar en mi vida. Le hice un hueco en mi costado que siempre olió a despedida y aún así, no me arrepiento.

Volví a Ámsterdam, París y Londres. Descubrí Luxemburgo, Estrasburgo, Laponia y Helsinki.

Este año y es lo único que pido cada 31 de diciembre, hice un montón de cosas que jamás pensé que haría.

Y sin embargo, todo esto no significa nada en comparación con algo que este año, cambió mi vida.

Y es que entendí lo que era el miedo cuando ella dijo cáncer pero aprendí también a ocultarlo. A sonreír, cogerle la mano y confiar con todas tus fuerzas en que todo saldría bien. Te convences, la convences y a veces, joder, a veces el universo escucha. Y un día, te echas a llorar en medio de un supermercado al escuchar entre lágrimas “no habrá quimio.” Mandas tus planes a tomar por culo y pasas el verano en casa. La acompañas a la radio y la invitas a un helado para que duela menos. Y vuelves a llorar cuando los resultados gritan “curada.”

Ella ha sido más fuerte de lo que jamás habría imaginado y estoy orgullosa. De ella y de una familia en la que salimos delante de lo que sea y como sea pero juntos. Hay dos días que jamás olvidaré de este año: los días en los que empezó y termino esta pesadilla.

Lo más importante de 2014 no son los logros profesionales o académicos, tampoco las derrotas o los rechazos. Lo más importante de 2014 no son los planes, los propósitos o las metas. Lo mejor y más importante de 2014 es que ella siga aquí y vaya a estar en 2015 para verlos.

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Que-darte

17 noviembre, 2014

Tal vez

un domingo de estos

casi sin anunciarlo

me dé la vuelta en la cama

nos acurruquemos

en un silencio

refugio

y de alguna manera

decidas

quedarte.

Tormenta

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Reflexiones de un domingo cualquiera (I)

2 noviembre, 2014

Soy de las personas que piensa que solo con el tiempo, las cosas se ven con perspectiva. Uno entiende ciertos asuntos que en su día le parecían absolutamente carentes de sentido. Con el tiempo, nos entendemos también a nosotros mismos, nos compadecemos y nos perdonamos.

A lo largo de mi vida, me he pedido perdón por una larga lista de actos y sin embargo, incluso cuando exponía razonadamente mis disculpas, me decía a mí misma que en aquel momento lo hice porque quería y mis razones tendría. Aunque ahora, con perspectiva, me parezcan razones de mierda.

Voy a retomar el discurso sobre la necesidad de cometer errores, de equivocarse, a veces, a conciencia. El discurso de que es bueno errar las decisiones y tener que preguntarse a uno mismo en qué narices pensaba cuando se me ocurrió semejante estupidez. Hacerlo, pensarlo, nos ayuda a no repetir errores o a repetirlos, nunca se sabe, conociendo y asumiendo las consecuencias.

Hace algunos años, justo después de una etapa un tanto complicada de mi vida, un buen amigo me preguntó si me arrepentía de algo. Convencida, le respondí con una negativa. “¿Por qué?”, me interrogó curioso. Yo le respondí que era una persona feliz y orgullosa de aquello en lo que con los años me había convertido y que, por lo tanto, no podía estar arrepentida de ninguno de los actos que me habían llevado hasta aquí.

Mantengo aquel pensamiento y cuando dudo, siempre recuerdo aquello de cometer errores y asumirlos y me doy una oportunidad a mí misma.

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Resaca

1 octubre, 2014

Quizá un domingo de estos dé un vuelco a mi vida y me prometa no volver a la manía de dos cuerpos fugaces sin deseos que sudar, a la pálida venganza del punto final a cada historia que no nos contamos, a las estrellas que podríamos subastar al peor postor, a callarnos…

Estoy apretando los dientes para que esta sonrisa muerda miedos. Para que después de tanto desangrarnos en blanco y negro nos comamos el instinto de seguir imaginando intenciones y seduciendo futuros.

Vamos a quemar la última de nuestras primeras eternidades exiliadas en la promesa de normalidad, suicidados en nuestro salto a tu vacío, en mi sobredosis de miedo. Salvados de nosotros mismos.

Podríamos creer en la resurrección de nuestro infierno pactado o mandarlo todo al foso de lo que llamas tiempo que es la distancia de los silencios. Tiempo, distancia y silencio transitados por los fantasmas de las promesas que incumplimos. Y sin embargo, volvería a perder el equilibrio en tu sexo sonriente, en medio de esta tarde de lunes con sabor a resaca de domingo de orgasmos y palomitas.

Cadáver exquisito por Beatriz Ríos y Marta Martínez.

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Brus-el(l)as

1 octubre, 2014

Qué esperabas que te dijera después de aquel solo de saxo en que el sexo me retorció el pasado presente; como quien conduce a toda velocidad mirando solo a través del retrovisor.

Futuro amatista, decías, como si el futuro fuera real. Como si lo fuéramos nosotros salvándonos, con los ojos cerrados y las manos abiertas.

Creyendo que los huracanes eran de azúcar y el sudor un engaño asumible, cayendo hacia arriba.

Siendo todo un enredo enloquecido, enmohecido, siendo una nada yonki, una espuma de letras que nos separan, de palabras que nos unen y de miedos ácidos de tarde de domingo, de sofá de mal asiento, de sábana perdida.

Te digo todo lo que no gritan mis manos al cielo y callo todo lo que te doy. Te doy la oportunidad de un paracaídas con agujeros y sonrisas porque sí, un clavo ardiendo en el vacío que dejan nuestros cuerpos cuando alejas tu pelvis del segundo perfectamente incompleto de ya.

Ardes verdades y pierdo un último poema a medias. Nunca o casi siempre te he dado bastante poco para creer en los ángulos rectos pero, amor, siempre nos quedará Bruselas.

Cadaver exquisito por Beatriz Ríos y Marta Martínez 

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Lo que escribí antes del enésimo embarque

17 agosto, 2014

Me llamo Beatriz Ríos, tengo 24 años y viajo una media de 12 veces al año.

Si lo piensas, no es mucho y sin embargo eso quiere decir algo muy importante: me estoy despidiendo siempre.

Antes de pasar más tiempo en aeropuertos del que me gustaría; lo hacía en estaciones. El caso es que desde hace unos años, siempre me estoy yendo. O, visto de otro modo, siempre estoy camino de alguna parte.

Sí, así es como me siento. Ninguno de mis viajes tiene el apellido “destino” es más bien algo así como “parada.”

Nunca tengo muy claro si me quedaré en la siguiente o si será un mero transbordo. El caso es que lo único que estos viajes me han enseñado es que en el fondo siempre estoy buscando un lugar donde quedarme…

… Y alguien que me pida que lo haga.

(Bruselas).